Subastas de objetos perdidos en Iberia

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En el penúltimo post, el de los objetos perdidos en los aeropuertos, explicábamos que en cada terminal suele haber una oficina donde se depositan durante un plazo para que el dueño pueda recogerlos. Pero también decíamos que las cosas que se olvidan a bordo de un avión no son responsabilidad del aeropuerto sino de la aerolínea, y es a ella a la que hay dirigirse para recuperarlas. Ahora bien ¿qué pasa con las que no se reclaman?

Hay múltiples posibilidades, entre las que figura su donación a ONGs y entidades similares. Pero aquí queríamos reseñar un caso especial, el de Iberia, que acostumbra a realizar una subasta pública: maletas, equipajes enteros y mercancías en general son adjudicadas al mejor postor siempre que lleven el tiempo preceptivo sin que nadie vaya a por ellas.

Para ser exactos suele hacer dos al año, algo que se ha convertido casi en una tradición porque la primera se llevó a acabo en una fecha tan añeja ya como 1942, cuando así lo decidió el ya extinto Ministerio del Aire (por entonces Iberia era compañía de bandera, perteneciente al Estado) al designarla depositaria de todos los objetos perdidos en los aeropuertos españoles que no pudieran ser reintegrados a sus propietarios.

De esta manera, a principios y mediados de cada año (la próxima será en junio, pues, si hay acumulada suficiente mercancía) se celebra una subasta de productos por lotes, bien de equipajes no recogidos, bien de cosas olvidadas en las cabinas de los aviones de su flota. Normalmente, los almacenes que Iberia destina para ellos en la antigua zona industrial del aeropuerto de Madrid-Barajas abren sus puertas al público desde una semana antes para que los posibles interesados puedan comprobar qué se va a ofrecer.

Y la lista es tan larga como variopinta: ropa de todo tipo, productos de higiene personal, libros, juguetes, bisutería… Todo lo que uno pueda llevarse de vacaciones, si bien a veces la cosa se vuelve estrambótica, figurando carritos para bebés, aspiradoras, trajes de novia y muchas más cosas igual de insólitas. Hasta una bombona de butano se ha llegado a tener.

Pasados esos días previos, llega el de la subasta que, como decimos, se desarrolla por lotes. Normalmente el más caro el correspondiente a los objetos olvidados en las cabinas de pasajeros tras los vuelos, ya que en él se incluyen teléfonos móviles, ordenadores portátiles, reproductores de música, libros y cosas personales entre las que no faltan joyas y relojes. Si algún lote no tiene salida se guarda para la siguiente vez.

Terminada la jornada, el ciclo de almacenamiento y limpieza vuelve a empezar hasta que se acumule de nuevo demasiado material y haya que buscarle salida de nuevo. En cuanto al dinero recaudado, que puede ascender a varias decenas de miles de euros, se utiliza para engrosar el presupuesto del propio servicio de objetos perdidos, encargado a una empresa privada.

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